lunes, 5 de septiembre de 2011

Nadie es dueño, para siempre, de "La Sortija"...



En el preliminar el resultado fue inobjetable, incuestionable. Como viene planteada la estrategia, son claros e interesantes los cambios en los mensajes de la “capitanía”. Las variables – entonces - no serían demasiado sustanciales.

Hay una actitud más armoniosa y agradable. Suma.

Consecuentemente, todo parece indicar que “no se trata de destruir al adversario, sino ganarle”.

No se observan signos de pretender perpetuarse, sino de profundizar en lo que se viene sosteniendo. A la luz de los acontecimientos, ha dado apreciables satisfacciones.

Si los índices económicos se mantienen, aunque deban enfrentarse sobresaltos, parece que las mayorías serán las beneficiadas. No es positivo que pretendan silenciarse las voces que se contraponen. Hay que escucharlas y darles crédito. El valor más relevante de la Democracia, está en admitir los debates, brindando espacio a todos. Radica en LA LIBERTAD el supremo bienestar del sistema.

No seré innovador en el dicho: LA POLITICA ES UNA CALESITA. Creerse dueño para siempre de LA SORTIJA, ó incitar por conveniencias personales ó puro fanatismo, que así sea, puede producir lo que algunos pensadores califican como corte horizontal. Éste, distancia. Después los tiempos para unir, son impensados.

Argentina, a la luz de los hechos históricos, nunca ha logrado ser suficientemente confiable y estable.

Todo parecería indicar que se está ante la GRAN OPORTUNIDAD HISTÓRICA, de cambiar esa visión que está adentro y afuera, de nuestras fronteras.

Desaprovecharla haciendo prevalecer los tan perjudiciales “ismos”, sería caminar como los cangrejos.

Al Pueblo de la Nación - pese a sus estados tan ciclotímicos, pasando desde el apasionado optimismo, al profundo pesimismo - le gusta caminar para adelante. 

Que no le impidan concretar su deseo, instándolo a embocar en LA SORTIJA, a fuerza de "rebenque y coraje".  

domingo, 4 de septiembre de 2011

Y el Labrador se escapó...El Loro Parlanchín, se murió...


Desperté un poco tarde. Dí de comer a los perros (Labradores) y uno se escapó.

Lo encontré enseguida, pero enojé.

Se “ligó” un reto y también una especie de penitencia. La padeció debajo de un mueble antigüo.

Leí algunos artículos de los diarios de este domingo.

Y...el Perro se escapa, porque estuvo toda la noche encerrado y quiere, como cualquier Ser Vivo, la Libertad.

Lo comprendo y respeto.

Dicen que los perros Labradores, son de los más inteligentes.

Por eso, aprenden cuando se los trata con cariño y consideración.

Días pasados, un amigo contó como se murió su amado Loro Parlanchín.

Estaba acostumbrado a transitar por los pisos, mesas, árboles y hombros de la familia. Comía dentro de una jaula que permanecía siempre con la puerta abierta. Un día, apareció muerto dentro de ella.

La puerta estaba cerrada.

El Loro no necesitó autopsia.

El amigo evalúa que se murió al percatarse, durante horas, que estaba privado de su Libertad.

Con algo de remordimiento, invité al Labrador que volviera a usar el espacio donde suele observar como la vida pasa ó descansa.

A él, seguramente, tampoco le gusta la sumisión ó que le nieguen la Libertad.


sábado, 3 de septiembre de 2011

La tierra es de nosotros, las vaquitas, también...

Mi abuelo materno, Antonio Mataluna, había nacido en Italia. Lo trajeron de muy pibe a la Argentina. Le gustaba la política como a pocos. Se hizo Peronista, hasta la médula. No pudo votar en el 46. Tampoco en el 51. Su deseo de nacionalizarse, lo transmitía casí con desmesura. Uno de sus nietos (a la sazón, mi hermano) que estudiaba, en los primeros años de la década del 70 en Buenos Aires, hizo todos los trámites. Pudo cumplir con su expectativa, en el regreso definitivo de Perón, y al poco tiempo de la muerte de éste, él también decidió partir.



Había sido uno de los tantos beneficiarios, de colonización de tierras. En este caso, se denominó La Argentina. En Pellegrini, provincia de Buenos Aires. Le asignaron 175 hectáreas, las que – a fuer de ser sincero – nunca trabajó demasiado, pero que jamás pensó en alquilar a nadie, salvo a alguien de su familia. Con modesto tractor Case, sembradora que reparaba uno de sus hijos, cosechadora que parecía más una chatarra y algunas vacas, se las fue arreglando. La producción que lograba no le alcanzaba para hacerse rico, pero si para ir subsistiendo, hacer algunas inversiones inmobiliarias y hasta comprarse un Plymouth, modelo 1934, que aún se conserva en el garaje del más chico de sus descendientes.


En ese establecimiento agropecuario, ubicado a unos 15 kilómetros del pueblo donde nací, viví reuniones familiares multitudinarias. También tuve, y mientras conserve la memoria será inolvidable, la oportunidad de tomar leche al pié de la vaca, comer pollos y huevos de campo, lechuga, acelga, perejil, zapallos de todo tipo, liebres, perdices, embutidos secos, jamones, y hasta palomitas (esas que son consideradas una plaga) en escabeche.


Cuando en estos tiempos se habla de la Ley de Tierras que impulsa el Gobierno Nacional, y sin conocerla en todos sus detalles, viene a la memoria (si bien no soy tan añejo), aquellos recuerdos de la niñez, exento de nostalgia.

Creo que es saludable discutir el tema. A fondo. Aunque escribo, estando convencido que “la tierra es de nosotros y las vaquitas, también”. Esto último, no solo por honor a esos gringos que en calidad de inmigrantes se rompieron el lomo - en mayor ó menor medida - para trabajarla. Es a ello, a lo que debe volverse. Se trata - ni más, ni menos - que recrear una cultura que se fue diluyendo.


También recuerdo.

En condición de Asesor de Prensa de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, cuando Clayton Yeuter, titular de esa cartera en Estados Unidos, que llegó a ser Jefe de Campaña electoral de Bill Clinton, comentó: “los fines de semana me voy al campo, donde trabajo. Manejo hasta mi propio tractor”. Aquella manifestación, generó perplejidad a unos cuantos.


En el país - como ocurre ahora - se hacía una acalorada apelación a dejar de pensar en ser “el granero del mundo”, para convertirnos en el “supermercado del mundo”. La convocatoria sonaba como canción para los oídos, pero la posesión de la tierra, era tomada – en significativo porcentaje – con fines especulativos. La famosa convertibilidad, hacía que el valor de la hectárea tuviera precios irrisorios. No fueron pocos los que “clavaron” sus ahorros en centenares ó miles de hectáreas. Luego, como consecuencia de los cambios experimentados en la economía interna y externa, recurrieron a los famosos “pool” de siembras, y ahora tampoco son escasos, los que piensan en venderlas. No interesa de donde provenga, quién las adquiera. El objeto es realizar el mejor negocio de su historia, y salir “disparados” como “cohetes” a colocar fondos en las “cuevas” del sistema financiero, con el fin de vivir lo que les resta en un esquema rentístico


En los tiempos del abuelo Antonio, la tecnología no estaba al alcance ó no existía, para poner valor agregado a la producción. Todo se exportaba a granel.


Ya teníamos el mote de ser los mejores productores de carnes y mayores exportadores de granos.


Internamente, tomábamos la leche al pié de la vaca, comíamos pollos y huevos bien de campo, lechuga, acelga, perejil, zapallos de todo tipo, liebres, perdices, embutidos secos, jamones y hasta palomitas en escabeche.


Éramos los mejores del Mundo.


Si recobramos el Amor por nuestra tierra y, aunque sea por Ley, le ponemos límite a un sistema financiero que pareciera “correr por izquierda” ó a una nueva forma de “imperialismo”, no solo podemos volver a ser los mejores.


Podemos llegar a ser, Imbatibles.



viernes, 2 de septiembre de 2011

La Confianza es familiar de la Esperanza...



Por sobre la adscripción al Peronismo - como muchos argentinos - vivo los tiempos del país con cuotas de incertidumbre. Siempre asaltan dudas y también he ido acumulando algunas profecías del fracaso. Nací, crié y desarrollé en un clima preponderantemente pesimista sobre el pasado, presente y futuro, salvo en aquellas oportunidades donde escuché a mi Madre. Era todo lo contrario de lo que fui mamando en contacto con la mayoría de la sociedad. Ella ponía el acento en lo que calificaba como la época más venturosa de la historia nacional, transcurrida entre 1945 y 1955. También apuntaba simpatías por el gobierno de Frondizi. Hacía hincapié en las acciones económicas, tendientes a lograr un armonioso desarrollo del país. 

Transcurridos más de quince días de las elecciones Primarias, Obligatorias, Simultáneas y Obligatorias (PASO), y después de haber seguido con especial atención las intervenciones de la señora presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, en dos oportunidades, anhelo desterrar definitivamente las sensaciones apuntadas al principio, y tener más presentes que nunca, las aleccionadoras charlas con mi progenitora.

La primer mandataria, tanto en Lincoln, como en la celebración del Día de la Industria, hizo honor a su reconocida capacidad de oratoria. Colateralmente mostró un giro saludable en los mensajes públicos. En ninguna de esas oportunidades, recurrió a la confrontación ó expresó sentir que tiene enemigos poderosos atentando contra sus mejores intenciones.

Los más suspicaces podrán pensar que el abultado triunfo logrado el 14 de Agosto, mejoró su autoestima. Por consiguiente, resolvió cambiar el discurso.

En mi caso, ingenuo o poco intrincando para los análisis (lineal en la lectura de los acontecimientos políticos), tengo la impresión que los dichos de Cristina Fernández de Kirchner, forman parte de lo que nadie duda: su inteligencia. También, haber sacado a relucir la tantas veces ponderada: intuición femenina. Esta última, una cualidad  de la que carecemos los hombres.

Aspirando el “aire” en distintos sectores de la vida nacional, puede comprobarse que tan aplastador triunfo electoral previo, adelantando un resultado cantado para el 23 de Octubre, genera ciertos temores de propender a imponer políticas, sin demasiados debates previos.

Tengo la impresión que la presidenta de la Nación, fue la primera en captar esa  imperante sensación en quienes no la acompañaron con el voto en las primarias.

La intuición es familiar de la inteligencia.  No necesitó – creo - de asesores de imagen ó consultores reconocidos. Sacó a relucir la gala que le estaban "pidiendo" desde que asumió la máxima responsabilidad gubernamental, en el año 2007.

Ganarse la confianza del Pueblo, es garantía para una buena elección.

Y si de parentescos se trata, la Confianza forma parte de la familia y se la encuentra siempre acompañada por la Esperanza.



domingo, 28 de agosto de 2011

Domínguez no se lo imaginó...


El ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Julián Domínguez, participó del acto del 121º Aniversario de la localidad de Beruti, partido de Trenque Lauquen. En declaraciones que formuló a LAS RADIOS DE TRENQUE LAUQUEN (AM 1280 y FM 88.5), a poco de aterrizar se refirió al proyecto de Ley de Tierras que impulsa el gobierno nacional para que “las tierras queden en manos de los argentinos”.



Domínguez afirmó que “la tierra no es una inversión, sino que es un recurso estratégico que queremos que quede en manos de los argentinos. El proyecto busca esencialmente ponerle límites a la especulación financiera internacional. Nunca imaginé que defender tierra de los argentinos sea inconstitucional”.


“De no alcanzar un acuerdo con este proyecto de ley, seriamos el único pueblo que no defiende lo que es propio. Sería el colmo del colonialismo, un colonialismo intelectual que le haría muy mal al país”, rescató Domínguez. Y añadió: “la tierra no es una mercancía, es parte de nuestra identidad como pueblo, nuestra cultura, de la vida y soberanía de los pueblos del interior”.


En este contexto, el obispo de la diócesis de 9 de Julio, Martini de Elizalde, hizo una encendida defensa de la propiedad de la tierra. “Esta tierra fue forjada por los pioneros, el esfuerzo de inmigrantes que vinieron a poblar esta zona del oeste de la provincia de Buenos Aires y aquí están las generaciones de argentinos, hijos de esos pobladores, que para seguir creciendo necesitan que la tierra quede en manos nacionales”, afirmó.


Durante la jornada, Domínguez afirmó que se entregaban fondos para la reparación de caminos rurales “como apoyo a la infraestructura rural local”. Allí, junto al intendente de Trenque Lauquen, Raúl Feito, y el obispo de la diócesis de 9 de Julio, Martin de Elizalde, estuvieron presentes en la reapertura del cine La Luisa.


Domínguez dejó inaugurada la remodelación de la escuela Agrotécnica "Padre Castellaro", entregó dos minibus, uno para dicha escuela y otro para la Escuela Agraria "Manuel Belgrano" de la localidad de 30 de agosto. Otorgó también subsidios para ambas instituciones, por un monto de 300 mil pesos cada uno.

Fuente. www.infoecos.com.ar

sábado, 27 de agosto de 2011

Cuando el Ceremonial, puede más que la espontaneidad...


Cuando las reglas del ceremonial público pueden más que la espontaneidad y la sinceridad de los actos de quienes tienen responsabilidades gubernamentales, separa a los dirigentes de los ciudadanos.


Este viernes, asistí al acto de inauguración del ramal ferroviario “Lincoln-Realicó”. La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, que se mostró en todo momento distendida y dispuesta a tomar contacto directo, como fluido con los asistentes, recibió varios regalos. Entre ellos, un hermoso poncho.


La Jefa de Estado, se sacó su tapado con pieles (el que se observa en la foto) con el que había llegado. Se enfundó. Todo parecía decidido: participaría del acto con el poncho sobre su cuerpo. No pasaron muchos minutos, y alguien del ceremonial se acercó y casi pareció exigirle el cambio. Volvió a la estética con la que había arribado.


El obsequio - más allá de constituir el hecho propio de la presencia de una figura de relevancia en el país - transmitía la decisión comunitaria para reconfortarla. Así pareció interpretarlo, Cristina.


La primer mandataria fue seguida, durante su presencia, con muestras de afecto y cariño, pero no tengo dudas que si las normas del ceremonial se hubiesen evitado, su imagen sobre el escenario y la recorrida posterior, estrechando la mano de los asistentes, no se habría interpretado como vulgaridad ó populismo, sino humanización y mayor cercanía con el Pueblo, el que agitaba sus manos, elevaba sus cánticos y alentaba, vestido con abrigos tejidos a pura aguja, jeans y camperas. .