domingo, 25 de septiembre de 2011

El conflicto por la 125 parecía producto de la "imaginación"...



Un post bien doméstico, para reflejar momentos del presente.

Ayer concurrí al cumpleaños de un gran amigo relacionado, por su actividad profesional, con el sector agropecuario.

En la mesa que ocupé, la mayoría de sus integrantes eran aquellos que hace tres años poblaban los famosos “piquetes” en las rutas nacionales, en demanda de la abolición de la resolución 125.

Si bien el festejo hacía que se obviaran muchos comentarios sobre la vida política, y transitáramos las conversaciones en torno a risueñas anécdotas sobre los vínculos amistosos que hemos sabido mantener a través del tiempo, la cuestión no estuvo ausente.

Propio de la idiosincrasia nacional, la incertidumbre está siempre incorporada a los análisis, pero tuve la sensación que aquel conflicto que tanto espacio ganó en la consideración pública, había sido parte de la “imaginación”.

Escuché elogios a la presidenta de la Nación, como nunca los había escuchado. Se destacó el papel de Julián Domínguez al frente del ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, especialmente en su vocación de diálogo. Nadie habló de una política destinada a romper con aquella famosa Mesa de Enlace.

Por supuesto, no fueron pocos los asistentes que subrayaron la situación internacional favorable por la demanda de comoditties, especialmente la Soja, sin restar méritos a las políticas de gobierno. Más aún, hablaron de inversiones y trabajo. Destacaron el “boom” inmobiliario que se está produciendo en ciudades del interior de la provincia.

Algunos de los presentes, que estaban en otros lugares del festejo, habían dejado de saludarme en el 2008. En el mediodía del sábado, después de acercarme a estrecharles la mano y hasta oír algunas reflexiones, quedó la impresión que siguen siendo “protestones”, pero poco rencorosos.

El bolsillo, como dijera el General, es la víscera más sensible del hombre. 

En esta oportunidad, había algo de ello, pero mucho más de esperanza, la que no tiene valor económico.






viernes, 23 de septiembre de 2011

"No hay pueblos chicos, son todos grandes"...



Si bien algunos pueden considerar que es un slogans de campaña, la frase pronunciada por Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, en oportunidad de la recorrida que realizó por el Noroeste, en el transcurso de esta semana, sonó como una caricia para mis oídos y el corazón.

“No hay pueblos chicos, son todos grandes”, dijo el mandatario bonaerense. Una buena manera de conquistar el afecto y compromiso de quienes habitan en pequeñas comunidades, las que en buen porcentaje, se sienten olvidadas ó no tenidas en cuenta como corresponde.

Hace unos años se puso en marcha un programa tendiente a resaltar lo mejor de estos pueblos, muchos de ellos en vía de extinción, producto del despoblamiento que se fue dando a través del tiempo. Lo que parecía una decidida política, más que loable, se diluyó en la consideración pública e incluso dejó de realizarse una comunicación mediática dirigida a generar el interés de todos. Es posible, y quien escribe lo desconozca, que se siga trabajando en el tema. Si fuera así, los que tuvieron la iniciativa y la sostienen, deberían difundirla más, porque no somos pocos los que queremos acompañarla para darle relevancia.

La frase de Scioli - acertada y concreta - tiene especial validez. Surge de uno de los principales protagonistas de la vida política Argentina, y él no solo está para tomar decisiones, sino también para predicar (el término cabe).

En un mundo donde la concentración poblacional en grandes ciudades ó sus cercanías, constituye “el” problema para gobernantes y gobernados, potenciar las cualidades humanas y la calidad de vida de los pequeños pueblos, es imprescindible.

No alcanza con los dichos. Hace falta sumar educación, tecnología, infraestructura y todo aquello que esté acorde a estos tiempos. También, es preciso, que los ciudadanos tomen conciencia.

Es imprescindible un cambio cultural. El cambio, debe implicar dejar de mirar casi apasionadamente las “supuestas” ventajas de los grandes conglomerados urbanos, y que los que dicen amar el interior, rescaten sus valores, no para escribir historias, sino para vivir con mayor dignidad y menos néurosis.

Para quienes poblaron esta fantástica y pródiga geografía Argentina, y en el caso particular de la provincia de Buenos Aires, no existían los pueblos chicos. Los fundaron, poblaron y desarrollaron múltiples actividades. Con el transcurrir del tiempo, por políticas que - obvio en esta oportunidad - se fueron achicando y de algunos de ellos solo quedan las estaciones de ferrocarril derruidas, una que otra vivienda para que reflejen buenos fotógrafos ó pintores, y un silencio que no llega a ser sepulcral, porque se siente el libre canto de los pájaros.

Seré un soñador o utópico, pero estoy convencido que si la dirigencia política habla y ejecuta en los términos pronunciados por Daniel Scioli, acompañada por la decisión cultural de los habitantes, una provincia más armoniosa y justa en la distribución de su población y crecimiento, es posible. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

Amplitud Modulada: "Naves Insignias" con alerta de "Tsunami"...


Centenares y hasta miles de veces hemos escuchado y comprobado que “nadar contra la corriente” es imposible, pero hay quienes insistimos en hacerlo. Estamos convencidos que por ahí logramos ganarle a este principio natural y físico.

Los que nacimos y criamos en la apasionante profesión periodística en emisoras de Amplitud Modulada, nos convencimos hasta la médula que las mismas representan auténticas “Naves Insignias”, especialmente en ciudades relativamente pequeñas ó medianas, demográficamente.

Su penetración en el espacio radioeléctrico cuando el mismo estaba separado por extensos kilociclos, permitió la integración de los pueblos, mucho más que el beneficio económico de quienes se atrevieron a ponerlas en el aire. En su instalación, a la par de existir el criterio de brindar servicios, había dosis de filantropía.

Fueron pocos, los que pensaron en el fantástico desarrollo tecnológico que se iba a producir y del que todos gozamos en este presente. Ninguno de ellos, tenía (lo afirmo porque he dialogado extensamente con quienes pusieron piedras basales) la mirada ó premonición de Steve Jobs. Se manejaban con entusiasmo. El entusiasmo de quienes aman la tierra donde nacieron y la esperanza de contribuir desde la palabra a un armonioso crecimiento, alejado de los centros de poder político, económico, social y cultural.

Con el tiempo nacieron, sin legislación alguna, por necesidad de satisfacer una demanda ó por la simple razón de sentirse “propietarios”, las Frecuencias Moduladas (FM). Éstas fueron conquistando la adhesión de los oyentes. No por la calidad de sus servicios, sino por la de su sonido, muy superior a la que pueden brindar las Amplitud Modulada (AM). La falta de una legislación que regulara a las primeras, produjo la primer gran “ola” que “inundó” parte de los "camarotes".

Los grandes desarrolladores de tecnología, han pensado en la radio digital e incluso en la Argentina, los más poderosos empresarios de los medios, cuentan con todos los elementos para ponerla en práctica. Un camino para que las AM sigan subsistiendo. Eso sí, serán – si alguna vez se pone definitivamente en marcha – solo las de ciudades más populosas del país las que podrán brindar ese adelanto. Las del interior, seguirán funcionando como pueden ó definitivamente desaparecerán del espacio radioeléctrico, dejando un vacío que nadie podrá llenarlo. Desaparecerá la historia y consecuentemente también un servicio que nadie podrá brindar.

Pese a cierto pesimismo hasta aquí expuesto, creo que hay salidas. Las mismas pasan por aguzar al extremo el ingenio, con el objeto de seguir “remando contra la corriente”, convencer a las comunidades donde aún funcionan (se han cerrado muchas. Solo quedan inmuebles y antenas como rémora) emisoras de Amplitud Modulada en el interior, que no es saludable la pérdida de sus mensajes, y que los Estados Municipal, Provincial y Nacional, también tomen conciencia. Es éste último a partir de sus gobiernos - sean del signo que sean - que involucrados en la cuestión, insten a perfeccionar la Ley de Medios vigente, que democratiza y “mella” la incidencia de los “grandes”, pero hiere “casi de muerte” a los “chicos”.

Nadie con sentido común y espíritu nacional puede oponerse a la participación en el mundo de las comunicaciones de emisoras para Pueblos Originarios u Organizaciones No Gubernamentales sin fines de lucro. Ello hace a la democratización de la palabra. De todas maneras las mismas, en ciudades pequeñas y medianas, nunca tuvieron censura ó imposibilidad de acceder a las emisoras que hoy sufren las consecuencias de una evidente agonía. No son precisamente, ellas, las que constituyen el "Tsunami" que ya viven las AM del interior con, decenas y decenas de años, de historia.

Unos cuantos de quienes estamos convencidos – equivocados ó no – que las emisoras de Amplitud Modulada son insustituibles, sabemos bien de que se trata y tenemos unas pocas, pero atendibles ideas, para que las “olas” no las tapen y sus “moradores” pasen a formar parte de la lista de los “damnificados sin retorno”.

Solo es preciso que los que poseen poder de decisión en esta actividad, tengan la amabilidad de escucharnos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Interrogantes...


Estoy lleno de interrogantes. Y Usted ó vos que me lees, no ?. 


La vida está colmada por preguntas.


La cuestión debe pasar, por no transitar todos los caminos sin alguna - por más simple que sea - respuesta. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

"La oración de la maestra" de Gabriela Mistral...

Para que inspirarme en este Día del Maestro, si las obras escritas por los más grandes de la Literatura, suelen ser inigualables y reflejan todo lo que uno siente.

Vaya en esta jornada, donde en Argentina se reconoce la tarea de la docencia, tomando como ejemplo a Domingo Faustino Sarmiento, este poema de Gabriela Mistral, maestra y poetisa chilena, nacida en 1889 y fallecida en 1957.

La oración de la maestra


¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.


Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.


Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé.


Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.


Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.


Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.


Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.


¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones.


Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.


Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora.


Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando!


Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas.


Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos en el costado ardiente de amor.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Que no haya más "Oscarsitos"...


Este viernes no tendré demasiado tiempo para escribir en el blog. Me he propuesto hacerlo diariamente, como una forma de expresar compromisos y gimnasia para las neuronas.

Este tema de Las Pastillas del Abuelo, hizo que lo escuchara un jóven sensible que oficia de operador en la emisora de Amplitud Modulada en la que inicié las actividades profesionales.

Siempre conmueve el espíritu. Hago autocrítica. Sé que he hecho poco para que cada vez haya menos "Oscarsitos". Por ahora, trato de no olvidarme de ellos y aportar trabajo, consideración, compromiso con los que menos tienen.

Va la letra:

Hola amigo, qué tal, soy Oscar

tengo nueve añitos
una casa por algún lugar
y siete hermanitos.
Le cuento que me gusta jugar
pero juego poquito.
En la calle que hoy es mi hogar
comen más los mosquitos.
No se asuste señor, por favor,
no se asuste, no muerdo, no ladro...
aunque a veces mi panza me dice:
"Oscarcito tenemos que masticar algo".
Lo que traigo en la mano es pa' usté...
me dijeron que éste es un santito.
Récele, a ver si usté tiene suerte
y si no le molesta le pido un pesito.
Ay Oscarcito, cómo brillan tus ojitos
Ay Oscarcito, siempre sucias las manitos.
Dónde hay un cacho de sol
para poder calentar
a tu dulce corazón
que no se quiere apagar.
Casi siempre que entro a algún bar
los mozos me sacan a patadas,
pero uno se vuelve más pillo
y puede rescatar algún par de tostadas.
Que después, se comparten señor...
se comparten con algún amigo.
Y si no hay ni una miga
"jalamos" para que el estómago
no haga más ruido.
También tengo un hermano mayor
pero a ese mucho no lo veo
aparece muy de vez en cuando
si la policía no lo anda buscando.
De papá ni noticias señor,
mamá cuenta que nos parecemos.
Se fue un día a buscar el futuro que según nos dicen
todos merecemos.
Ay Oscarcito...
Esta noche es en Constitución
otras tantas aguanto en Retiro
yo prefiero no tener colchón
a que un cura se pase de vivo conmigo.
Y ahora me voy para otro vagón;
la otra vez me comí una paliza
por colgarme con una señora
que no tenía plata y me dio su sonrisa...
Ay Oscarcito...
ay Oscarcito, vení a jugar un poquito
ay Oscarcito, como un duende chiquitito
de estación en estación
vas buscando calentar a tu dulce corazón
que no se quiere apagar...